jueves, 27 de enero de 2011

Sanidad Pública: Concepto ( Ley Antitabaco )

Nunca llueve a gusto a todos, eso está claro, y en cuanto a leyes se refiere menos todavía. Las leyes son muy complicadas, complicadísimas. La tarea legislativa, aunque nos paremos poco a pensarlo, debe de ser un rompecabezas. Una cosa esta clara, las leyes siempre van por detrás de la sociedad, intentado darle caza para estabilizar la situación.
En este último mes, todo el mundo ha opinado sobre la famosa ley antitabaco (y lo que nos queda), para ser más rigurosos y técnicos la Ley 42/2010, de 30 de diciembre, por la que se modifica la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco.

He escuchado muchos tipos de opiniones, tanto a favor como en contra, desde que es una ley que viene a destiempo, hasta que antes la tenían que haber hecho.
La opinión que sin duda más he oído repetida y más me llama la atención cada vez que la oigo es esa de “es que yo tengo derecho a fumar”, y como se les llena la boca cuando lo dicen, cual sindicalista en medio de un mitin.
Me ahorraré la opinión que como jurista, me produce la expresión “derecho a fumar”. Lo que también es una contradicción en toda regla, son estos fumadores que hablan tanto de derechos y de libertades, no dándose cuenta que son los primeros que no la tienen, que son esclavos, y no esclavos del sistema que no les deja fumar, si no del cigarro.

Luego están aquellos propietarios de locales, que se hacen objetores de la ley, por cierto, esta de moda eso de hacerse objetor, y más cuando no se sabe ni lo que es. El día menos pensado, veremos a algún acusado en juicio por homicidio diciendo que se declara objetor del código penal… en fin…

Me gustaría explicar porque (a grandes rasgos), el legislador elabora este tipo de leyes, en beneficio de la llamada salud pública.
Esto de la salud pública, ha empezado a interesar a los estados modernos hace relativamente poco. En la antigüedad los problemas de higiene y sanidad estaban influidos (como todo) por ideas religiosas, y la creencia de que la enfermedad y la muerte eran castigos divinos, y por tanto quedaban fuera de la voluntad humana, por lo que, no quedaba otro remedio que sufrirlas.
Esto, por supuesto, fue evolucionando con el progreso de la medicina, que observo que las causas de muchas epidemias y enfermedades que se consideraban hasta entonces desconocidas, no eran sino fruto de la falta de higiene.
A partir de entonces, el poder público considera función fundamental, la regulación de esta sanidad pública, sobre todo, como es el caso, con leyes administrativas, aunque como sabemos también existen los delitos contra la salud pública.
Lo más importante aquí, es la definición de salud pública, que no es otra que, un conjunto de condiciones positivas y negativas que posibiliten el bienestar de las personas.

Como habrán podido comprobar en este entrada, no soy fumador, de hecho ignoro, pero a la vez tengo curiosidad, por los motivos que impulsan a una persona a empezar a fumar, a aprender a fumar. También ignoro, y espero hacerlo siempre, que siente un padre cuando ve a su hijo fumar.
En cualquier caso, y fuera de esta reflexión personal, no me negaran, que el contenido de esta nueva ley, encaja en lo antes explicado. Y tampoco me podrán negar dos cosas: que en los lugares públicos cerrados ahora se está mejor, y que nuestra ropa, nuestro pelo, nuestra boca, nuestros pulmones y nuestros hijos agradecerán esta ley.
Dentro de unos años nos escandalizaremos cuando nos acordemos que alguien se podía encender un cigarro al lado nuestra, mientras cenabas en un restaurante, yo de hecho ya lo hago.

No hay comentarios:

Publicar un comentario